Decides por intuición. ¿Cómo delegas cuando eres experto?
Sabes que es mejor delegar pero terminas diciendo: “Es más fácil si lo hago yo”. Nos hemos vuelto expertos y nuestro cerebro empezó a saltarse pasos. Pero la intuición no se puede delegar.
Si quieres llevar tu impacto como líder más allá, necesitas transferir tu proceso de pensamiento, no sólo las tareas. Necesitas bajar la velocidad a tu cabeza para poder traducir lo que ni sabías que estaba en tu mente cuando tomabas la decisión.
¿Cómo podemos entonces delegar nuestra forma de pensar para tomar una decisión?
1. ¿Qué estamos queriendo resolver realmente?
Primero necesitamos definir qué estamos queriendo resolver. Si tomamos la decisión adecuada, ¿cuál es el resultado esperado? ¿cómo sabremos que llegamos al destino correcto?
2. Priorización
¿Qué criterio utilizaremos para elegir la decisión más adecuada? ¿Cuál es nuestro orden: calidad, costo, velocidad, aceptabilidad por stakeholders etc?
3. ¿Es un patrón conocido o es algo nuevo?
Tu “olfato” es, en realidad, una biblioteca gigante de experiencias pasadas. Ves una situación y piensas: “Esto es igual a aquel proyecto de 2022”. Puede que tengas razón o puede que estés sesgado por la costumbre. Así que pregúntate, ¿qué tiene esto de diferente? Un cambio de detalles en el contexto puede hacer que la solución anterior sea inaplicable en éste.
4. Información
¿Qué hay que ignorar y a qué hay que prestarle atención? Ya sea considerando las fuentes o las personas a consultar.
5. ¿Por qué descartamos las otras opciones?
Seguramente pensaste en tres formas de resolver el problema y descartaste dos sin saberlo. Necesitamos explicar también porqué evitar las otras opciones.
6. ¿Cómo detectaremos el peligro? (pre-mortem)
Este es el paso de la red de contención. Imagina que pasaron seis meses y todo salió mal. ¿Qué pasó? Al “predecir” el fallo hoy, puedes construir protecciones antes de empezar.
7. Los puntos de alerta (cuándo pedir ayuda)
Delegar no es “desaparecer”. Es definir los límites.
Establecer puntos de control claros. “Tienes control total a menos que el presupuesto se pase por un 10% o el cliente deje de responder. Si eso pasa, me consultas”. Esto les da libertad para correr, pero te da la tranquilidad de que no se van a caer por un barranco.
En un ámbito que las tareas están cambiando constantemente, es más valioso que el equipo aprenda cómo ves el mundo que entregar listas de “cosas para hacer”.
¿Quieres explorar cómo puedes entender y transferir cómo piensas a tu equipo? Contáctame para ver cómo podemos trabajar juntos para lograrlo.

