¿Te han reorganizado?



¿Te han reorganizado? ¿Una nueva estructura en tu sector? Puede que sientas como si te hubieran cambiado los órganos de lugar, lo cual no sería extraño al compartir la etimología.


Quiero destacar ese "te”. Es que por más que se quiera forzar un pensamiento positivo con tazas, stickers y charlas unidireccionales en pos de una supuesta mejor respuesta a la misión del negocio, es natural recibirlo como si alguien nos hubiera hecho algo a nosotros y que nada pudiéramos hacer al respecto. Y ese algo puede no gustarnos, incluso simplemente porque es diferente a lo que acostumbramos.


Personalmente pasé por varias reorganizaciones, como colaboradora y como responsable de equipos. Esto último implicaba también pensar en las consecuencias para los miembros.


Cómo transitemos y apoyemos la transición de los integrantes condicionarán los resultados y la sustentabilidad.


Sugiero darnos espacio y lugar para procesar nosotros mismos el cambio. Actuar como si no hubiera pasado nada repercutirá en puntos ciegos.


¿Qué puedes hacer?


Pausar y observar la situación como quien la sobrevuela desde un helicóptero para entender el nuevo mapa en lo superficial y lo profundo.

  1. ¿Hubo un cambio de paradigma? ¿Dónde puedes aportar el máximo valor en este nuevo orden? ¿Qué roles nuevos se volverán críticos y cuáles serán relegados? Por ejemplo, tal vez antes se priorizaba la personalización y ahora la eficiencia a escala.

  2. ¿Qué sí es negociable? ¿Cuánto puedes modificar tus responsabilidades y cuán parte puedes ser de la respuesta? Dentro de la incertidumbre tal vez hay más margen para participar de la solución que lo imaginado. Hay veces que todo comienza con trazos gruesos a refinar localmente o a posteriori.

  3. ¿Cuánto de lo que viene puedes anticipar? ¿Cómo puedes contribuir a tiempo para informar sobre las ventajas y desventajas de la reestructuración a quienes toman las decisiones?

  4. ¿Hay un nuevo centro de poder? ¿Quiénes tienen autoridad formal e informal? ¿Cómo quieres posicionarte?

¿Y con tus colaboradores?

  1. Adelantarnos a posibles preguntas ej. ¿qué objeciones puede haber? ¿qué será distinto en su día a día? ¿qué oportunidades se abren y cuáles se cierran? Muchas veces anuncios vagos son peores que noticias concretas aparentemente malas.

  2. Aceptar lo percibido como negativo sin disfrazarlo. Hay modificaciones que pueden incluso disolver el área al que pertenecemos e ignorar ese movimiento brusco sería inocente.

  3. Evitar lavarse las manos. “Ellos son los malos que nos hicieron esto” abre el juego para que hagan lo mismo contigo y evadan la responsabilidad de construir a partir de la nueva realidad.

  4. En el caso que definitivamente no estemos dispuestos a aceptar el cambio, planificar una salida ordenada con una transición prolija para quien tomará el lugar. Si no es por principios, incluso por pragmatismo: las carreras laborales nos volverán a cruzar, ¿qué queremos que digan de nosotros en futuros escenarios?

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