Cuando hablamos de lo difícil que es decir lo que pensamos en el trabajo, solemos ir directo al catálogo de razones personales: “me falta seguridad”, “todavía no tengo la confianza”, “no quiero quedar como conflictivo”, “capaz lo que veo no es tan importante”.
¿Acaso no nos pagan para que observemos?
Cuando hablamos de lo difícil que es decir lo que pensamos en el trabajo, solemos ir directo al catálogo de razones personales: “me falta seguridad”, “todavía no tengo la confianza”, “no quiero quedar como conflictivo”, “capaz lo que veo no es tan importante”.